INTRODUCCIÓN
Hoy en día la educación superior
debe enfrentar retos particularmente difíciles como el de formar profesionales
capaces de generar y conducir los cambios de la sociedad, además de incidir de
manera cada vez más decidida, permanente y eficaz en sus ámbitos. Todo ello trae
consigo un amplio debate sobre el futuro de la educación superior y genera
propuestas que marcan una visión distinta.
En la sociedad del conocimiento
la importancia del capital centrado en el individuo radica en que es fuente de
creación de ventajas que proceden de la información, la formación, la pericia,
la capacidad creativa, la habilidad para identificar y resolver problemas y
liderar y gestionar convenientemente organizaciones productoras de
satisfactores sociales. La institución educativa parece constituirse en el
espacio privilegiado de creación del capital intelectual de la sociedad.
Los principales debates en torno
a la formación y a los roles de los docentes están estrechamente vinculados con
los cambios culturales, políticos, sociales y económicos que están afectando a
todas las sociedades. Para dar respuesta a dichos cambios, el profesor debe
diversificar sus roles en función de las necesidades de aprendizaje y de los
ambientes en los que se propiciará; del uso de las tecnologías de la
información, de los contextos culturales y de las comunidades escolares.
Para el cumplimiento de este
cometido se le demanda al docente el dominio de idiomas, el manejo de la
informática (saber), el desarrollo de competencias interactivas,
comunicacionales o socio-relacionales (saber ser) y el manejo de las relaciones
humanas (que incluye la necesidad del manejo de personal, la coordinación de grupos
y el trabajo en equipo), así como una serie de requerimientos denominados
operativos (saber hacer), vinculados a la aplicación de los conocimientos a
situaciones concretas. Finalmente, la flexibilidad, la polivalencia y la
versatilidad son cualificaciones que todo docente debe poseer.
La competencia profesional del
docente, entendida más como una competencia intelectual, trasciende el sentido
puramente técnico del recurso didáctico. Las competencias docentes se
caracterizan por ser complejas: combinan habilidades, principios y conciencia
del sentido y de las consecuencias de las prácticas pedagógicas; así como una
reflexión y análisis sobre los contextos que las condicionan y que van más allá
del aula. La competencia profesional “…se refiere no sólo al capital de
conocimientos disponibles, sino a los recursos intelectuales de que dispone con
objeto de hacer posible la ampliación y desarrollo de ese conocimiento
profesional, su flexibilidad y profundidad” (Contreras, 1999: 58).